martes, 4 de agosto de 2009

¿Gastamos más de lo que deberíamos gastar?


El gasto promedio de la alimentación en los hogares está alrededor del 35% del gasto total per cápita, señalan desde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

La clase media se ve muy influenciada por la publicidad y se consume más de lo que le ofrecen los medios, de lo que realmente se dispone, probablemente por la oferta de una amplia gama de productos importados o frescos no estacionales, como los higos y las frutillas que están disponibles todo el año.

También en muchos hogares de mejores recursos, incluyen las endivias, la rúcula o los tomatitos cherry, alimentos que hasta hace no mucho tiempo no se conocían y no existían.

Lo que uno puede observar es que casi siempre los alimentos que están incluidos en los carritos son los lácteos (especialmente quesos y yogures descremados), las carnes, las frutas, las verduras, las gaseosas, las galletitas y algunos alimentos congelados.

La educación alimentaria (especialmente en lo referente a las grasas y fibras) también ha influenciado en la gente en los últimos años, ya ha disminuido la venta de cortes de carnes con alto contenido graso a favor de los cortes magros (más caras) como el lomo y el peceto.

También ha aumentado el consumo de pescado de aguas frías, aunque no lo suficiente. En los sectores más instruidos han reducido y reemplazado el consumo de harinas y panificados blancos por productos integrales y mayor consumo de frutas y verduras. Se nota un creciente interés por los alimentos “sanos”.

Según ciertas estadísticas (consultora AC Nielsen), el año pasado en el mundo el consumo de alimentos y bebidas creció un 4%, en tanto que en la Argentina aumentó un 7%. En este aumento predominaron los yogures, las bebidas energizantes, el agua mineral y las barritas de cereales. Pero la contradicción es una constante; al lado de estas opciones saludables en todo el mundo las hamburguesas, las salchichas, las papas fritas, panchos, golosinas, gaseosas y snack, mantienen los primeros puestos de consumo.

Los adolescentes, configuran un sector de mala alimentación, mientras están al cuidado y vigilancia del hogar (la madre), la alimentación es buena, pero a partir de los 12 años comienza a complicarse.

En la alimentación de los adolescentes, en general y especialmente en la clase media; es carente de calcio, hierro y zinc. En las mujeres en la época de la primera menstruación, muchas presentan anemia.

Lo que comemos los argentinos guarda una directa relación con la forma que tenemos de alimentarnos:

· Está instalada la tendencia del aumento del número de comidas realizadas fuera del hogar (los chicos, en los colegios o fast-foods, los padres en el trabajo o restaurante) especialmente en las grandes ciudades. Se calcula que el 60% de las personas hacen por lo menos una comida por día fuera del hogar. Esto generó un marcado aumento de los lugares de comidas, restós o restaurantes. Se calcula que en Buenos Aires hay por lo menos un lugar para comer por manzana.

· La tendencia también esta determinada por la difusión y utilización masiva del “delivery”. Solo en Buenos Aires existen más de 60º pizzerías, más de 150 casas de comidas y 700 agencias de mensajería para atender la demanda a domicilio. Se supone que el “delivery” es un lujo y solo para los pudientes, pero lo cierto es que la entrega a domicilio llega al 77% de los hogares en esta ciudad.

· Otro factor que influye en el cambio de las tendencias, es la incorporación de la mujer en el mercado laboral. Hay estudios que demuestran que este es motivo “del aumento de la demanda de alimentos congelados o listos para consumir”.



De acuerdo con las últimas estimaciones del Indec, el gasto promedio de
alimentación en los hogares ronda el 35% del total. Es decir que, de un ingreso familiar de 2000 pesos, casi 700 se van en alimentos.


El 85% de los argentinos reconoce que el mate es uno de los productos de consumo de su hogar.


Qué hacemos mal...

• No tenemos tiempo para preparar las comidas (la mujer cada vez cocina menos).
• Comemos muy a menudo fuera del hogar (colegio, kiosco, trabajo, restaurantes), y en forma desorganizada.
• No cumplimos con las cuatro comidas principales.
• Miramos la TV durante la comida en lugar de dialogar en familia.
• Elegimos alimentos en el supermercado, por su envase o su precio, no por sus beneficios nutricionales.
• Compramos seguido alimentos como hamburguesas, salchichas, papas fritas, panchos, golosinas, gaseosas y snacks (ricos en grasas, azúcares refinados y sodio).
• Abusamos del microondas, de los productos congelados, del ‘fast food’ y del ‘delivery’ (en la ciudad de Buenos Aires, 77% de los hogares utilizan este servicio).


Qué tendríamos que hacer...

• Aprender a cocinar con recetas saludables que se hacen en poco tiempo.
• Al menos en el almuerzo o la cena, sentarnos a la mesa en familia.
• Respetar las cuatro comidas básicas: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
• Elegir a los alimentos por sus propiedades nutricionales, no por su aspecto ni por su envase.
• Incorporar mayor cantidad de fibras (frutas, verduras, cereales enteros, legumbres) a la dieta.
• Preferir los alimentos descremados, sin azúcar agregada y libres de grasas trans.
• Preferir especias y aderezos caseros antes que sal, ketchup, mayonesa y otras salsas ricas en sodio.
• Elegir cortes de carne magros: pescados, cerdo, vacuno y pollo sin piel.
• Reducir el consumo de harinas blancas y reemplazarlo por productos integrales

1 comentario:

  1. "la mujer cada vez cocina menos"
    me sonó retrógrado.
    puedo sugerir la frase: "el hombre gana tan poco que ya no podemos comer en clo clo todos los días"??

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Se puede opinar pero sin ofender la moral y las buenas costumbres. Gracias