
Los abuelos juegan un rol muy importante en la educación de sus nietos, brindando su sabiduría y amor incondicional.
Sus vivencias de historias de las que fueron partícipes, enriquecen a sus nietos y resultan imprescindibles en su desarrollo.
El cuidado y atención que brindan los abuelos no tiene comparación, dado que son doblemente padres y lo hacen porque quieren, se comprometen por cariño, desinteresadamente.
Los niños que tienen la suerte de tener a sus abuelos junto a ellos, crecen mejor, más desinhibidos. Su alimentación es más sana porque les cocinan lo mejor y los miman permanentemente. Reemplazan a los padres de sus nietos cuando están ausentes y son muy compinches de los niños. Estos confían mucho en ellos y saben que les pueden guardar sus secretos y escucharlos como nadie lo haría.
Hay una gran mayoría de abuelos inmigrantes que llegaron de tierras muy lejanas, surcando los mares en travesías interminables en barcos.
Dejaron sus raíces, su pasado, su familia, porque la guerra que padecieron los hizo dejar todo en busca de un país de paz, para empezar de nuevo a soñar que era posible reconstruir parte de lo que habían perdido.
Los abuelos quieren estar integrados en los hogares, se sienten útiles, sufren silenciosamente cuando no se los tiene en cuenta y se los relega.
Hay gente que usa a los abuelos para que colaboren con ellos, cuando no los necesitan los llevan a los geriátricos, o a hogares sustitutos, allí los abuelos se sienten mal, las horas no pasan nunca, se sienten morir, porque las visitas cada vez son más espaciadas o definitivamente los olvidan. Ese no es el destino que esperaba, junto a personas que no conocen, que no son la familia que con tanto amor y sacrificio formaron.
Quien tenga abuelos debe reflexionar, por un momento ponerse en su lugar, y pensar el paso que va a dar si resuelve alejarlos de su entorno, porque los está condenando a la soledad y a una muerte a corto plazo. Es tu sangre la que está sufriendo, recuérdalo.
“Los que no se acuerdan del pasado, están condenados a repetirlo”, (Santayana).
Los abuelos saben muchas respuestas, ¿te animás a hacerle las preguntas que jamás les hiciste?
Sus vivencias de historias de las que fueron partícipes, enriquecen a sus nietos y resultan imprescindibles en su desarrollo.
El cuidado y atención que brindan los abuelos no tiene comparación, dado que son doblemente padres y lo hacen porque quieren, se comprometen por cariño, desinteresadamente.
Los niños que tienen la suerte de tener a sus abuelos junto a ellos, crecen mejor, más desinhibidos. Su alimentación es más sana porque les cocinan lo mejor y los miman permanentemente. Reemplazan a los padres de sus nietos cuando están ausentes y son muy compinches de los niños. Estos confían mucho en ellos y saben que les pueden guardar sus secretos y escucharlos como nadie lo haría.
Hay una gran mayoría de abuelos inmigrantes que llegaron de tierras muy lejanas, surcando los mares en travesías interminables en barcos.
Dejaron sus raíces, su pasado, su familia, porque la guerra que padecieron los hizo dejar todo en busca de un país de paz, para empezar de nuevo a soñar que era posible reconstruir parte de lo que habían perdido.
Los abuelos quieren estar integrados en los hogares, se sienten útiles, sufren silenciosamente cuando no se los tiene en cuenta y se los relega.
Hay gente que usa a los abuelos para que colaboren con ellos, cuando no los necesitan los llevan a los geriátricos, o a hogares sustitutos, allí los abuelos se sienten mal, las horas no pasan nunca, se sienten morir, porque las visitas cada vez son más espaciadas o definitivamente los olvidan. Ese no es el destino que esperaba, junto a personas que no conocen, que no son la familia que con tanto amor y sacrificio formaron.
Quien tenga abuelos debe reflexionar, por un momento ponerse en su lugar, y pensar el paso que va a dar si resuelve alejarlos de su entorno, porque los está condenando a la soledad y a una muerte a corto plazo. Es tu sangre la que está sufriendo, recuérdalo.
“Los que no se acuerdan del pasado, están condenados a repetirlo”, (Santayana).
Los abuelos saben muchas respuestas, ¿te animás a hacerle las preguntas que jamás les hiciste?
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